Decía mi abuela que con la Revolución mexicana lo único que ocurrió es que cambiamos de ladrones en el gobierno, lo mismo podría decirse de la “alternancia” en el Estado de México, donde simplemente cambiaron los ladrones que llegaron desde la lejana época de la Revolución, por unos nuevos, la maestra Delfina hasta historial comprobado de pedir moches tiene, así que solo podemos esperar que las cosas vayan igual o peor en este Estado, que no solo es el más poblado, sino uno de los más desiguales.

Sin embargo, lo más importante de las votaciones del fin de semana es que nos permiten vislumbrar que Morena no tiene una ventaja tan holgada como ellos quisieran de cara a la elección presidencial, de hecho todos han puesto los ojos en el Estado de México, pero en Coahuila perdió Morena por paliza y en general en los estados del Bajío y el norte no tienen una ventaja clara, incluso la ciudad de México está en juego, tan es así que, si las elecciones de 2021 hubieran incluido al jefe de Gobierno de la CDMX, Morena hubiera perdido su bastión más importante.

Pensar que Morena ya tiene ganada la elección presidencial es un predeterminismo absurdo, mil cosas pueden pasar aún, los precandidatos del partido oficial traen la ventaja que les da correr sin tener un competidor enfrente y han hecho campaña a pesar de que la ley se los prohíbe, usando todas las trampas y artimañas que tanto criticaron cuando eran oposición, pero aún no tienen la victoria asegurada.

La renuncia de Marcelo Ebrard hace que, ahora sí, empiece el proceso de 2024. El excanciller no tiene nada que perder y todo que ganar, su estrategia de lanzarse primero a la contienda mete en problemas a su única competidora real, Claudia Sheinbaum, que hasta el momento en que se escribía este texto, no había renunciado a su cargo.

De antemano sabemos que AMLO, a pesar de decir que no se meterá en el proceso, es el verdadero y único elector que decidirá quién será su sucesor, todas las encuestas se pueden cambiar o maquillar según su voluntad, lo importante es que el candidato se vea y sienta legítimo para el público, ese es su gran reto, darles certeza a sus seguidores e impedir que haya una ruptura en su movimiento. A la oposición le conviene una candidata débil y poco carismática como la actual jefa de Gobierno, si ella es la elegida hay más oportunidad de competir y sobre todo de que Morena no tenga mayoría simple en el próximo Congreso.

Por otro lado, los dirigentes de la alianza PAN, PRI y PRD deben de renunciar a la soberbia de creer que solo ellos tres son quienes decidirán el futuro de México, es hora de que escuchen e incluyan a los candidatos ciudadanos y no se enfrasquen en una lucha estúpida por mantener su minicoto de poder partidista en perjuicio de toda nuestra nación. El candidato o candidata de oposición deberá ser una persona intachable y capaz de competir y capitalizar todo el sentimiento anti 4T.

Finalmente, a los ciudadanos nos queda la obligación de en un año salir a votar, está comprobado que, a mayor participación ciudadana, menos triunfos obtiene Morena, su estrategia será amedrentarnos y hacernos creer que ya ganaron incluso sin haber empezado la batalla, pero como en todas las guerras, no se sabe qué va a pasar hasta que empiece la lucha, si no, pregúntele a Vladimir Putin que según él iba a ocupar Ucrania en unas cuantas semanas.

El futuro no está escrito, depende de nosotros que las cosas cambien y mejoren.