Algunas notas que aparecen en la prensa, con relación a las finanzas públicas federales, usualmente analizan su evolución a nivel de sector público presupuestal, ya que las cifras, tanto en la Ley de Ingresos de la Federación (LIF) como en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), que se someten a consideración del Poder Legislativo, se presentan de manera consolidada.

Es decir, las finanzas federales del sector público presupuestal, se consolidan, tanto en ingresos, como en egresos y en resultado presupuestal, de todos los entes públicos que se incluyen en estos documentos, es decir, el Gobierno Federal, los Organismos y Empresas como el IMSS y el ISSSTE, así como también las Empresas Productivas del Estado, (Pemex y CFE), lo cual no es correcto porque ni los ingresos ni los gastos los concentra la Secretaría de Hacienda.

Tanto los Organismos y Empresas, así como las Empresas Productivas del Estado, son entes públicos con personalidad jurídica y patrimonio propios, por lo que sus ingresos NO se concentran en la Tesorería de la Federación (TESOFE) y tienen el manejo autónomo de sus ingresos, por lo que sus excedentes de operación NO pueden ser utilizados por el Gobierno Federal para financiar su déficit.

De esta manera, cuando se analiza la evolución de los ingresos y los gastos “Presupuestales” las conclusiones a las que se llegan, tiene que ser tamizadas y llevadas a nivel individual, para poder diagnosticar más certeramente la situación financiera de cada ente público.

Si hay una minusvalía en ingresos propios a nivel presupuestal, o un resultado deficitario que debe ser financiado con emisión de deuda, es importante conocer en qué ente público se encuentra la minusvalía o el déficit, por lo que se ocupa analizar de manera pormenorizada, la situación financiera de cada ente público.

Por ejemplo, si el Gobierno Federal no está recaudando los ingresos previstos en LIF, pero el IMSS o la CFE están reportando más ingresos, a nivel consolidado, la minusvalía en ingresos del Gobierno se reduce por la mayor recaudación en el IMSS, y en la CFE, y se determinaría un “faltante” inferior, pero la verdad, el Gobierno no puede tomar los mayores recursos del IMSS o de la CFE, para sufragar su gasto, por lo que la conclusión del análisis “consolidado” no es la correcta.

De hecho, en los 4 primeros meses de este año, tanto el IMSS como la CFE vienen reportando mayores ingresos a los aprobados en LIF, unos $13 mil millones más en el IMSS, y más de $45 mil millones en la CFE, recursos que ayudan a “bajar” la minusvalía de ingresos del Gobierno Federal a nivel consolidado, y pueden dar la impresión de una menor presión para reducir el gasto y mantener el déficit.

De hecho, en el reporte de las Finanzas Públicas al mes de Abril, la Secretaría de Hacienda sigue insistiendo en que los requerimientos financieros del sector público presupuestal se mantienen sin cambio, y los sigue estimando en $1,291 miles de millones de pesos, a pesar de que en el mismo documento ajustan a la baja los ingresos presupuestales en $131.6 miles de millones de pesos.

Es decir, el Gasto Neto Presupuestal lo reducen en el mismo monto de los ingresos, para que el déficit se mantenga sin cambio, a lo que habría que agregar, que esta reducción en el gasto NO se detalla de manera pormenorizada, para saber dónde se piensa reducir el gasto.

Otra complicación, es que si consideramos que la propia Ley de Presupuesto le otorga a los entes que generan más ingresos la facultad para erogarlo, lo cual es totalmente congruente y razonable, ya que si, por ejemplo, el IMSS tiene más trabajadores asegurados que le pagan cuotas, el gasto en la atención debe subir también, y se tiene que sus mayores ingresos procedería a gastarlos, es decir, el recorte al gasto de los otros entes presupuestales, debe ser mayor, para compensar el mayor gasto del IMSS.

Para quienes insisten en que las finanzas públicas se encuentran actualmente “sanas”, solo hay que revisar que en 2017, los requerimientos financieros del sector presupuestal ascendieron a $233 mil millones de pesos, en 2018 aumentaron a $437 mil millones de pesos, y para este año se presupuestaron $1,291 miles de millones de pesos, 3 veces más que en 2018 y 5.5 veces que en 2017.

Como proporción del PIB, el déficit financiero fácilmente podría ubicarse sobre los 5 puntos en este 2023, el doble de como lo recibió la actual administración.

Ciertamente que en este año se están pagando intereses a una tasa más elevada, sin embargo, el problema del sobregiro del gasto, sobre ingresos propios, tiene diversos factores que lo hacen más de naturaleza estructural, que coyuntural, agravados porque las obras “insignia” de esta administración, están gravitando, ya terminadas, sobre las finanzas públicas, como el caso del AIFA, que sigue requiriendo subsidios federales, y seguramente será lo mismo para el tren maya, ya que casi todos los trenes del mundo operan con pérdidas, y si Pemex transformación industrial perdió dinero con el petróleo a $90 dólares, es de esperar que la nueva refinería también pierda dinero.

El otro Mamut blanco, el corredor del Istmo, pretenden promoverlo promulgando un decreto de estímulos, como si no recordaran que acuchillaron a quienes invirtieron en las Zonas Económicas Especiales, y eso no se olvida, por lo que será otra obra que ocupará transferencias presupuestales para operar de manera regular.

No, las finanzas públicas no están “sanas”.