Viajes y departamentos de lujo. La corrupción al más alto nivel en la Secretaría de la Defensa. Si la cabeza es corrupta, ¿qué podemos esperar del resto del cuerpo castrense? Si la cabeza brinda el ejemplo de lo que se puede hacer, ¿por qué habrían de ser honestos los militares a cargo de las aduanas y los puertos? Si Luis Crescencio Sandoval puede corromperse con la aquiescencia del presidente, ¿por qué los militares constructores del Tren Maya y del AIFA no harían lo mismo? Por eso reservan la información de esas obras por cinco años, por eso impiden el funcionamiento del INAI, para que no podamos ver a quién y por cuánto asignaron contratos en total opacidad.
La mayor parte de las revelaciones de corrupción del gobierno provienen del hackeo de Guacamaya, es decir, de la información recabada por la Secretaría de la Defensa, obtenida por Guacamaya y expuesta a través de los medios. Para minimizar las revelaciones el presidente descalifica a Guacamaya y a los medios. Pero quien recabó la información fue el Ejército.
Se tolera la corrupción en el Ejército porque el Ejército tiene registro de la corrupción del Poder Ejecutivo. Gracias a información del Ejército sabemos que se consiguieron en el extranjero medicamentos prohibidos en México para uso exclusivo del hijo del presidente y su familia mientras centenares de miles de mexicanos no podían acceder a ellos. Gracias al Ejército sabemos que el hijo del presidente vive en la casa de una periodista cuyo medio es el que más ha recibido contratos de publicidad a cambio de una cobertura absolutamente servil a su gobierno. Esto lo sabemos gracias a que Guacamaya filtró 30 millones de documentos a los medios de comunicación.
Supongo que nos han mostrado la punta del iceberg de ese hackeo. Por lo pronto, los obuses informativos han apuntado a la familia presidencial. Ahora sabemos que el presidente López Obrador no es menos corrupto que los anteriores presidentes. Que sus hijos hacen lo mismo que los hijos de Martha Fox. Pero hay mucho más en esos papeles. Dentro de esos 30 millones de documentos sustraídos a la Secretaría de Defensa se encuentran los relacionados con el presidente y su trato con los cárteles. El Ejército se encarga de la seguridad del presidente. En su primera visita a Badiraguato (cuando saludó a la mamá del Chapo y convivió con sus abogados) los que se hicieron cargo de la seguridad presidencial fueron los narcos. ¿Quién planeó esa visita? ¿Quién hizo los contactos? ¿En qué momento el Ejército cedió la seguridad del presidente a los narcos? Los videos se pueden ver en YouTube. Toda la visita fue documentada por el Ejército. Todos los documentos fueron hackeados por Guacamaya.
López Obrador puede seguir con el ritual vacío de sacar su pañuelo blanco, de repetir la fórmula mentirosa de que él sí tiene “autoridad moral”. Pero las evidencias se siguen acumulando. En el extranjero toman nota de la corrupción en la cúpula militar y en el primer círculo del presidente. Aquí, Loret exhibe sin que haya consecuencias: las cúpulas privilegiadas son impunes. Pero fuera lo registran: este gobierno, que quiso acabar con la autonomía del órgano electoral, es un gobierno autoritario y corrupto.
¿Llegaremos a ver, a fuerza de evidencias, el derrumbe de este gobierno? Fue formidable ver en tiempo real el desplome de Peña Nieto. Tres factores confluyeron: la corrupción (la compra de la Casa Blanca, los contratos turbios para la construcción del tren bala a Querétaro), la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa y la venganza de las televisoras por haberles afectado su mercado protegido con la reforma de telecomunicaciones. Corrupción, crimen y medios. El sexenio de Peña Nieto cayó en picada y, por más dinero que se gastó, no hubo modo de levantarlo. ¿Podremos ver algo semejante? Las evidencias de corrupción están ahí. Los crímenes se suceden casi cada semana. Faltan las televisoras. Sobre éstas pende la espada de las concesiones. Si las Fuerzas Armadas pueden ocupar de madrugada un tramo ferroviario, ¿por qué no podrían tomar las estaciones de televisión por problemas con la concesión?
Nos espera el peor tramo del gobierno de López Obrador. Luego de su colapso en Mérida, el presidente decidió meter el acelerador. Ya está operando en el instituto electoral a través de Taddei. Ya tiene a personas con ataúdes de los ministros frente a las puertas de la Suprema Corte. No se van a detener sus agresiones. Ante la absoluta nulidad de la oposición, va a acelerar “la transformación”.
López Obrador defiende el hackeo de Assange, mientras que su gobierno detuvo a ‘Jesús N’, teniente coronel del área de informática de la Sedena por el caso Guacamaya. Hay aves que cruzan el pantano y no se manchan. Las de la cuatro té parecen aves rescatadas de un derrame petrolero.
La cúpula de las Fuerzas Armadas y el primer círculo presidencial se han enriquecido a costa de los pobres. El resto del gobierno de la transformación ya vio el camino: si se vale enriquecerse en la cúpula sin castigo, se vale enriquecerse en todos los niveles con la complacencia del Ejército. ¿Veremos el derrumbe?
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