La basura que contamina nuestras vidas no solo es orgánica e inorgánica, reciclable o perpetua, son palabras cizañeras y embustes calculados que nos contaminan en beneficio de unos cuantos.

En Playa del Carmen recoges basura en la playa y sabes que esta proviene en su mayoría de vecindarios cercanos, gente que eligió vivir aquí por el dinero que pueden hacer en la zona y no por amor a ella. Los que la aman se juntan y organizan limpiezas en la Playa y mientras lo hacen también programan una limpieza en un Cenote la semana que viene.

He levantado –como casi toda la comunidad de buceo en el Caribe mexicano– basura en los arrecifes. He levantado basura en la selva sabiendo que a pocos kilómetros estaba siendo arrasada por proyectos que no respetan ni los árboles, el agua, ni más futuro que el de sus inversiones. Si amas el mar y la playa no te rindes, eso no te detiene, y aunque haya sido el gobierno en turno el que le otorgó un permiso a una mina, a un parque o a un hotel para arrasar con el manglar, te unes a otros y denuncias. Levantas la basura que está a tu alcance y le demandas al gobierno que también haga su parte.

¿Sabías que hay una gran cantidad de basureros ilegales en Quintana Roo, que se talan árboles para recibir los desperdicios de la industria turística, de la sobrepoblación y que como no hay ningún manejo de estos desperdicios, se filtran contaminando el acuífero? He documentado abogados con conocimientos sobre cuevas, sobre la vida que hay en ellas o la vida que hubo y que dejó tesoros invaluables esperando ser descubiertos. Sin darnos cuenta nos hemos comprometido a proteger el paraíso sin que la esperanza sea un obstáculo, a hacer todo lo que esté a nuestro alcance, porque así lo decidimos, ni la artificial mañanera, ni sus huestes que alebresta, no nos detenemos. Aunque sea el mismo gobierno que elegimos el que nos traicione, seguiremos luchando contra la basura en el agua, en la arena y en la selva.

Esta decisión me ha llevado a lugares que no había previsto, intervenir en la presentación de la agenda ambiental de la entonces candidata Mara Lezama, interrumpir en el Summit inmobiliario de Cancún y atender a más de un encuentro de comunidades Mayas. Un día, a rendir testimonio frente a Jaku Pérez, defensor territorial indígena de Ecuador; Francesco Martone, defensor de derechos humanos de Italia a Latinoamérica; Maristella Svampa, socióloga argentina y presidenta del Tribunal local; el chicano-zapoteca Alberto Saldamano y el padre Raúl Vera, obispo emérito de Saltillo y perenne aliado de los desprotegidos. Ante este Tribunal por los Derechos de la Naturaleza se escucharon voces que multiplicaron las razones por las cuales cada día debemos ser más.

Mi testimonio fue un resumen de la batalla legal en el tramo 5 del tren que violenta la selva Maya. Les resumí como desde un principio el hecho de que un proyecto se dividiera en partes para su evaluación era ilegal y como así habían logrado dividir a los defensores de la naturaleza e imponer tremendo atropello a la ciencia y a la ley que respalda nuestro derecho a un medio ambiente sano.

Les conté como el amparo que habíamos interpuesto algunos buzos había detenido la destrucción de la selva y como habían reanudado los trabajos a pesar de la suspensión, como continuaba la destrucción con documentos espurios y como se vanaglorian en discursos demagogos y versada colorida propaganda iterativa.

Esos son los cimientos del proyecto, no hay más planeación que la mercadotecnia. Concluí subrayando que toda la información que fuimos a entregar al Palacio Nacional a principios del 2022 estaba respaldada por años de experiencia en la zona, arqueólogos, biólogos, hidrólogos, ingenieros y que a pesar de no haber recibido mas que agravios por exponer estos conocimientos, fue el mismo gobierno quien corroboro a lo largo del año transcurrido uno a uno lo correcto de nuestros argumentos.

Había árboles, vestigios arqueológicos, paleontológicos, riesgos estructurales y agua. Pero donde nosotros reconocíamos el proyecto como otra amenaza, como más basura que prevenir, ellos vieron una campaña proselitista.

El nuestro fue el último testimonio que escucharon los jueces, ante representantes de hasta más allá de la Península de Yucatán se habían alzado denunciando los retos que enfrentaban a diario, desde hacía generaciones, y como este proyecto multiplicaba amenazas. Me di cuenta de que yo defendía mi hogar y que los portadores de estas palabras defendían su existencia. Ellos son la tierra que se violenta, se expropia y se especula al mejor postor. Ellos son los mayas a los que les expropiaron también el nombre para un proyecto turístico del que fueron anulados y hoy rara vez se les ve en las playas que populan masivos hoteles, que, para protegerse, rechazaron el tren en sus cercanías y lo mandaron a la selva, el tren que no tienen nada de maya y tiene todo de comercial.

¿Sabes porque no has escuchado a más comunidades alzando la voz? Porque los intimidan hoy, como los intimidaron antes. Aprendieron que, si le dicen que no al que tiene dinero, al que esta armado, se quedan sin todas sus tierras o sin vida. Así también se impuso este proyecto “O me venden estas tierras o les expropiamos todas” y así dividieron ejidos y comunidades, con temor y ambición…nada de amor.El Tribunal mismo fue testigo de esta sugestión militar en una población donde tendrían un encuentro y nadie asistió porque habían recibido una oportuna visita uniformada, y armada, sugiriendo que era mejor no asistir “para no tener problemas después”.

No solo somos rehenes del temor, el poder del autoritarismo no proviene de los que ladran rabiosos, sino de los que lamen los talones de quien los somete. Muchos de los testimonios fueron en parte o en su totalidad en Maya, sin embargo, las consultas donde les ofrecían servicios básicos ¡Sus pensiones! si aceptaban el tren, fueron en español. Muchos contestaron que sí “para evitarse problemas después”.

Hay incluso gente mayor –denunciaba uno de los representantes de los pueblos originarios– que cree que el tren les traerá dinero porque le podrán vender carbón. Una de las representantes de Chiapas se expresó con una intensidad abrumadora sobre lo que sucedía en sus comunidades, como los habían dividido, como esta división los exterminaba. Primero lo dijo en Maya y no entendí ni una palabra, pero sentí la fuerza ancestral con que las decía. Alguien le pidió que lo repitiera en español, si fuese posible, miró a los jueces y a los asistentes con algo de dulce vacilación, pero accedió y comenzó diciendo: “No le hablo mucho al Español”.

A mí se me llenaron los ojos de lágrimas porque pensé: si yo que domino el idioma español no he sido escuchado en Palacio Nacional, no me he podido comunicar en el Senado de la República, me han confundido argucias legales y me han rebasado  en las mañaneras con funcionarios lambiscones, viles chismes y dependencias traidoras al pueblo… ¿Quién va a escuchar las palabras de esta mujer?

Me llene de determinación, yo la estoy escuchando, los jueces, los asistentes al evento que representan a tantos pueblos, y es nuestro deber llevar sus palabras lejos, no dejar de repetirlas.

Nos han insultado, censurado, sordos a los académicos más sobresalientes del país. El director de Fonatur lleva toda su vida persiguiendo puestos de funcionario con solo la preparatoria terminada, pero les dice con sorna a un doctor en Hidrología y geoquímica del karst, a doctores en Biología, que están equivocados. Han traicionado a sociólogos, arqueólogos, a jueces, abogados, al pueblo, se han traicionado a ellos mismos haciendo todo lo que dijeron que no harían.

La estaba escuchando, como escucho a mis vecinos, al pasado cuando buceo en una cueva, a la naturaleza cuando estoy rodeado de tiburones. Escucha tú también, alza la voz con nosotros, cada vez somos más, alza la voz sin replicar la ira recibida, alza la voz con el amor que le tienes a tus hijos, a la selva, a México, solo así nos escucharan y podremos prevenir que se siga tirando basura en nuestro hogar desde su desarrollo y desde sus mañaneras.

*Buzo y fotógrafo submarino