Generan incertidumbre, como nunca, los conflictos entre los tres poderes de la nación. El Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial han estado en el la mira de la opinión pública a nivel nacional en diferentes momentos. Esto ha demandado la intervención de la sociedad civil organizada y esta sigue haciéndolo muy bien.

No sé si como origen, consecuencia, golpe de suerte o alineación de los astros, los y las mexicanas estamos hablando más de política y utilizando más fuentes confiables. Aunque la tentación de creer cualquier mamarrachada, estamos aprendiendo a confirmar si es cierto que renuncia la ministra Esquivel, si se enfermó el presidente o si un grupo parlamentario se suma a las exigencias ciudadanas.

Aunque sea políticamente incorrecto es evidente que desde el Poder Ejecutivo se dictan decisiones al Poder Legislativo y aprovechando la mayoría simple hacen pasar leyes populares aunque mal hechas. No se me quita de la cabeza la legislación que subsidia las toallas femeninas cuando la tendencia va hacia la eliminación de esta basura, igual que los pañales, la investigación más comprometida con el planeta va por otras formas de desechos biodegradables o cuidados sustentables.

Los grupos parlamentarios de oposición han contenido reformas constitucionales recientemente y por injerencia directa de la sociedad civil no partidizada. Poco antes de las marchas, no se puede olvidar el albazo del PRI a sus aliados de oposición que reventó el acuerdo de oposición coordinada. Fueron las manifestaciones las que les dieron su ‘tatequieto’ a Alito y abrieron nuevamente las posibilidades al diálogo.

El Poder Judicial había sido un ente silencioso, incomprensible y con una discrecionalidad arbitraria hasta que el Poder Ejecutivo actual intentó –y sigue intentando– debilitar al INE, otra institución igualmente prudente aunque más transparente y progresista. La llegada del ministro Arturo Zaldívar a la presidencia de la SCJN encendió la atención por su cuestionada designación que no ilegal, sí controvertida.

Ante la intentona de la ministra Esquivel de hacer con la presidencia del máximo órgano jurisdiccional, el plagio de su tesis de licenciatura fue más que suficiente para que se activara la vigilancia ciudadana. Y el evidente plagio de detectado en su tesis doctoral la tiene maniatada, aunque aún en el puesto.

La seriedad de la ministra Norma Piña como presidenta de la SCJN y sus primeras actuaciones públicas, generaron confianza a la sociedad. Y con la triste y vergonzosa quema de su persona e investidura, lo único que se logró fue afianzar el apoyo abierto de la ciudadanía.

Rescato de esta crónica que las instituciones serias son las que se han posicionado con y para la ciudadanía. El INE y la SCJN son las instituciones en las que México cree a pesar de los embates del Poder Ejecutivo y de la mayoría simple del Legislativo, también gracias a ellos.

Estoy creyendo que la incertidumbre actual ha sido un catalizador para el fortalecimiento de la ciudadanía, para alcanzar la madurez política –no partidista– del activismo social organizado y para fortalecer a dos instituciones que atajan el populismo con seriedad, transparencia y argumentos sólidos, consistentes al paso del tiempo y congruentes con la voluntad popular.

En Nuevo León también ha sido la sociedad civil la está logrando la conciliación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, se les exigió a ambos que concilien y gobiernen para el bien común y dejen a un lado las rencillas políticas que nos tienen paralizados.

Este domingo hay marcha para exigir aire limpio en la ciudad y también, la sociedad civil organizada está influyendo en las decisiones públicas que a todos afectan.