Los eventos macros pueden ser agobiantes para un simple mortal como tú y como yo. El saber que un fenómeno de dimensiones mucho mayores a nosotros puede impactar de forma directa o indirecta en nuestros hogares puede causarnos niveles de ansiedad (incluso enfermizos) donde finalmente podríamos hasta terminar más afectados psicológicamente que por el evento macro per se.

Por lo tanto, me parece que el primer paso para enfrentar los posibles efectos secundarios del cambio climático (en nuestro caso una crisis hídrica en Monterrey) sería comenzar por entrenar a nuestra mente.

Para ello te quiero presentar un nuevo concepto creado por el autor Nassim Nicholas Taleb: la antifragilidad.

Primero que nada, hay que tener muy claro qué es ser frágil. La definición nos sugiere que ser frágil es cualquier objeto que es vulnerable a los cambios, por ejemplo, cuando vamos a mudarnos y utilizamos una caja para meter nuestra vajilla de cristal, al sellarla nos aseguraremos de etiquetarla como “frágil”. Esta caja es muy vulnerable al cambio, por eso hay que tratarla con cuidado, que permanezca lo más estático posible para que no sea expuesta a otras variables a su alrededor. Ahora, si ponemos en otra caja nuestra colección de piedras, estas son robustas y podrán resistir a las adversidades del viaje.

Sin embargo, la palabra que queremos definir no es robusto, sino lo contrario de frágil, no solo resistir a los cambios, sino empoderarnos y aprovecharlos, encontrando en ellos oportunidades, a eso se refiere Nassim Nicholas Taleb con ser antifrágil.

Lo frágil busca tranquilidad, lo antifrágil surge del desorden y lo robusto le da igual una cosa u otra.

Un ejemplo de fragilidad sería odiar y temerle a los errores, robusto sería tomar los errores de forma neutral, y antifrágil sería aceptar los errores y usar el aprendizaje a tu favor para futuras ejecuciones.

Por lo tanto, adaptando esta filosofía a nuestros tiempos, lo importante es no bloquearnos, dejar de perseguir la tranquilidad, y aprender a abrazar el desorden, en este caso, en tiempos complicados con respecto a la crisis hídrica, buscar adaptarnos en medida de lo posible, con una mente abierta a soluciones y no encerrarnos. Así, y solo así, es como lograremos encontrar oportunidades.

De hecho, grandes inventos a lo largo de la historia han surgido de la antifragilidad de personas buscando oportunidades para salir adelante a pesar de las adversidades.

En 1665, derivado a una pandemia, se cerró la Universidad de Cambridge, mandando a sus estudiantes a sus hogares, uno de ellos era Isaac Newton, el cual utilizó esos tiempos difíciles para inventar el cálculo diferencial e integral, cambiando por completo nuestro mundo actual.

En uno de los tiempos más complicados de la humanidad, estoy hablando de la Segunda Guerra Mundial, fue cuando se hizo presencia de la creación de muchos inventos que utilizamos hasta la actualidad. Se inventó la computadora, el ultrasonido, la penicilina, el horno microondas, entre otros.

En este 2023 comienzan a existir soluciones al problema hídrico, no obstante, muchas de ellas siguen siendo muy costosas. Pero lo que es un hecho es que siempre hay un camino para resolver la problemática.

Nosotros podemos empezar desde nuestros hogares innovando las formas en la que consumimos el agua para reducirla al máximo, evitar estigmas, mantenernos pragmáticos para encontrar nuevas maneras de convivir con este recurso, optimizándolo y resguardándolo sin afectar nuestra calidad de vida. El regio se caracteriza por ser resistente a los cambios, resiliente y gran solucionador de problemas, por ello, estoy seguro de que saldremos adelante.

El autor es profesor e investigador del Departamento de Contabilidad y Finanzas del Tecnológico de Monterrey. Su correo es rodrigocaballero@tec.mx