Economista
Las autoridades financieras de la mayoría de los países más desarrollados del mundo siguieron agresivas políticas monetarias y fiscales muy expansivas en los pasados años, lo cual no se reflejó en inflación al principio por distintas razones. Entre las mismas están la importante expansión del comercio internacional, la acumulación de reservas internacionales en la mayoría de los países, las políticas de esterilización que lograron realizar los principales bancos centrales y otras medidas adicionales. Sin embargo, la aparición del Covid-19 con su consecuente rompimiento de las cadenas productivas, la guerra entre Rusia y Ucrania y la recesión económica rompió el frágil equilibrio monetario, dando lugar a un drástico incremento en los precios. Al inicio del proceso inflacionario la mayoría de las autoridades monetarias estimaban que era transitorio, por lo que se tardaron en llevar a la práctica las necesarias medidas correctivas, elevando el costo de las mismas.
La reducción del precio de los energéticos y de los granos, y su impacto en los demás precios, en el segundo semestre del año pasado se interpretó como que el incremento en las tasas de interés había logrado su objetivo de controlar la inflación. Sin embargo, el dinamismo de las economías de Europa y en Estados Unidos, así como la fuerte creación de empleos, hicieron temer que la medida correctiva ha sido insuficiente, lo que se confirmó con el elevado dato del índice de los precios al consumidor en Norteamérica.
Esto hace temer que habrá incrementos adicionales en las tasas de interés, incluyendo a México, lo que tiene efectos en los distintos mercados financieros y bursátiles, así como cambios en los diversos flujos de capitales y en los tipos de cambio. En conclusión, se espera que se mantenga un entorno de alta volatilidad.
Lo anterior tendrá un fuerte impacto en el gobierno, el cual se verá limitado para reaccionar, debido a lo que denomino el “déficit fiscal estructural de mediano plazo”, que se ha creado. Esto resulta de los mayores gastos públicos permanentes en que incurren de manera simultánea a los menores ingresos previstos. Los gastos son por los adicionales y diversos programas sociales, que no serán fáciles de ajustar y menos eliminar en el futuro, al incremento en el servicio de la deuda por las tasas de interés más elevadas, así como por el creciente monto de las pensiones debido a la mayor edad promedio de la población mexicana. Por el lado del ingreso destaca la caída en la producción petrolera, la cual vuelve a bajar el año pasado y los menores ingresos fiscales que se tendrán por la baja en la actividad económica prevista para los próximos dos años, tanto por la desaceleración económica global como por la menor inversión de los pasados cuatro años que se realiza en México.
Para romper este círculo vicioso creado por el cambio en el ciclo financiero mundial que impide el desarrollo del país, es conveniente ver las políticas económicas que siguen las naciones que tienen el mayor nivel de vida de sus poblaciones. La Heritage Foundation realiza un estudio anual en 176 países que confirman la fuerte relación entre el desarrollo y la libertad económica. En el mismo destacan que entre los países con mayores libertades están Singapur, Suiza, Irlanda, Taiwan, Nueva Zelandia, que tienen un PIB per cápita promedio de 92 mil 502 dólares anuales, mientras aquellos con menor libertad solo tienen un PIB per cápita de 8 mil 124 dólares. Son varios conceptos que analizan, destacando el Estado de derecho. En la medida en que haya un Estado de derecho que se respete, un bajo nivel de corrupción, menores restricciones a la inversión, un sistema legal confiable y con pocos cambios y otras características más que permitan la libertad de emprender y trabajar, las economías florecen. Hay que recordar que la contraparte política de la libertad económica es la democracia, ambas propiciando el desarrollo de los países.
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