Óscar Mario Beteta

En la lucha por la conquista o la conservación del poder que se está dando en México mirando a 2024, no son pocos los personajes de la élite dirigente de todos los partidos que protagonizan una especie de guerra de todos contra todos, la cual produce lamentables resultados y apunta a situaciones indeseables.

En la pugna de hoy, están Layda Sansores, quien la inició, y el senador Ricardo Monreal, quien, como lo ha reiterado, no se va a dejar y anuncia su disposición a ejercer los recursos legales a su alcance para defenderse de las imputaciones que le ha hecho la gobernadora de Campeche.

Ese hecho, que refleja todo un fenómeno; que ensucia, y empaña el proceso electoral rumbo al 2024, es sólo una muestra de la descomposición en la que, como nunca antes, se ha rebajado la política, degradando también a la sociedad.

En ese juego político, se han perdido las formas y el estilo; estos, deberían ajustarse a la ética pública, por intensa y cruda que sea la disputa por el poder y el dinero. La infamia, la calumnia, las acusaciones infundadas, no deben tener cabida.

Es necesario evitar que, con esas prácticas, el país se sumerja día tras día en el escándalo y el envilecimiento; la pugnacidad y la discordia, que han florecido por la ausencia de pudor, prudencia y consideración en la arena política.

En aras de concretar ese objetivo, deben terminar los propósitos de destrucción entre enemigos, aparentes o reales, y dejar de hacer cuanto puedan para aniquilarse, pues a quien más se ofende es a la sociedad en su conjunto que, atónita, contempla el deplorable espectáculo.

Las grabaciones ilegales y el uso sistemático de las redes sociales –que sirven de escudo al cobarde anonimato–, debe regularse y reglamentarse de inmediato para, eventualmente, evitar abusos y excesos, a la manera como ya se está empezando a hacer con algunas plataformas en varios países.

En el afán por ser y estar, algunos políticos atacan a quienes se cruzan en su camino. El fingimiento, en el cual muchos han sido reputados maestros, ya no cuenta. La confrontación de todos contra todos que se lleva a cabo, es abierta, declarada y permanente; en ella se emplean todos los medios legales e ilegales, fundados o infundados. Ya no hay ninguna razón para disimular. El dilema ya no es el de la política; es el de la guerra.

De no ser contenidas, esas prácticas, en las que subyace el riesgo de una inevitable derrota moral, llevarán al país irremediablemente a la perdición. La pérdida será para todos.

Frente a eso, la sociedad ha quedado totalmente desarmada, desanimada y desesperanzada. Quizá por eso, en su mayoría, opta por apartarse de la vida pública. En una disputa en la que no se le necesita más que para votar, aprobar o desaprobar, decide mantenerse al margen, propiciando que el circo continúe.

En cualquier caso, la sociedad debe tomar el lugar que le corresponde y hacer cuanto pueda para merecer y tener una clase política que empiece por respetarla, le rinda cuentas y se empeñe por servirla.

Sotto Voce. – Por las cifras “alegres” que publica el INEGI sobre el IGAE (Indicador Global de la Actividad Económica), al mes de agosto, los principales analistas y economistas esperan que no sea el inicio de la manipulación de datos que pudiera traducirse en su subordinación-sumisión o la pérdida de su prestigio y autonomía.

Según nos comentan, hasta en la coalición PAN-PRI-PRD comienza a haber consenso de que Alejandra del Moral, es la mejor y única opción para la competencia Edomex 2023, que será la más reñida en toda la historia de la entidad… Del multimillonario presupuesto para el 2023, de más de ocho millones de millones de pesos, como cada año y desde hace casi un siglo, ¡cuántas fortunas se incrementarán o nacerán como producto de la colusión entre la clase política y empresarial de este país!