Ante la embestida de AMLO y Morena por acabar con el sistema electoral mexicano, fruto de años de esfuerzo, hoy la democracia toca a nuestras puertas. Debemos rescatarla. A todos nos corresponde actuar. Sociedad y partidos unidos en esta causa para salvar al INE y al TEPJF. El autoritarismo no puede ir acabando con nuestras libertades y derechos humanos. La reforma constitucional no pasará y eso lo sabe AMLO. ¿Entonces cuál es el peligro?

Primero hay que señalar que esta reforma plantea reducir el número de legisladores, para facilitar mayorías. Busca bajar los recursos al TEPJF, a los partidos y al INE. Dice es cara la democracia, cuando su AIFA costó más de 85 mil millones de pesos, y ni AMLO lo usa; o su Tren Maya cerca de 300 mil millones sin que tenga utilidad; y su refinería casi 17 mil millones pero de dólares, y se inunda con lluvias. Así que 24 mil millones de pesos para el INE y los partidos no son significativos. Más caro será cerrarle la puerta a la democracia.

La reforma constitucional implica que ya no se votará por candidatos sino por listas de partidos, plurinominales, con lo cual los partidos pequeños desaparecerán. Difícil que el PT o el PVEM lo voten, no son suicidas. Es claro que ni el PAN, ni el PRD lo votarán. La duda de si el PRI irá con Morena proviene del propio secretario de Gobernación, que a diferencia de quienes lo antecedieron, declara sin sustento, habla sin pruebas y hace campaña. Busca romper alianzas. Lo perdimos. No es confiable. No tiende puentes. En tanto Alejandro Moreno, un día sí y otro también, reitera que el PRI no votará por un proyecto que afecte la democracia en México.

En tanto, ya se instaló la mesa de trabajo para analizar la reforma electoral con diputados de todos los partidos. El elegir por votación abierta a consejeros y magistrados electorales atenta contra la profesionalización de estas autoridades, proceso que ha llevado años de formación y capacitación. Ahora será por ocurrencias, perfiles sin experiencia, con lealtad a un partido, sin independencia, ni autonomía, y por tanto sin certeza jurídica.

La destrucción planteada es mayúscula. El pretexto, que la elección de consejeros no es adecuada pues la Cámara de Diputados lo decide por votos. Cierto, pero antes se aplican exámenes, se seleccionan candidaturas, se revisan antecedentes y honorabilidad y se proponen quintetas a votación del pleno. Si no hay acuerdo, se vuelve a repetir el proceso, si tampoco se logra corresponde a la SCJN hacer la insaculación con base en las mismas propuestas.

Reducir el número de consejeros porque supuestamente ganan mucho es otro absurdo, sobre todo si como lo plantea AMLO desaparecen los Organismos Públicos Locales Electorales, así como los tribunales electorales, y toda elección se centraliza en un nuevo INE de dudosa reputación y eficacia. De tal suerte que los resultados se darán desde el centro con un sistema electoral minado. Por eso el gobierno tendrá el control.

Ya desde el año pasado AMLO redujo el presupuesto del INE y no apoyó la organización de la revocación del mandato con los recursos necesarios. Este año se repite la historia. Se castiga al INE para limitarlos durante las elecciones locales en el Estado de México y Coahuila. El Presupuesto Federal lo maneja el Ejecutivo con su mayoría en la Cámara, con sus aliados, pues no tiene Morena por sí misma la mayoría.

Entonces se preguntarán, si no hay incentivos para que los partidos voten la reforma constitucional, ¿para qué mandó AMLO la iniciativa? Primero para armar una campaña de desprestigio del INE y del TEPJF, estrangularlos económicamente, limitarlos. Ya desacreditados puede intentar llamar al fraude si su partido no gana, y de ahí al caos. Por eso la democracia pide ayuda.

Me dirán y yo como ciudadano qué puedo hacer, pues primero usar redes sociales en defensa del INE y el TEPJF. Socializar el tema con sus compañeros de trabajo, familia y amigos. Mandar a su diputado carta, mail, mensaje para que no destruyan al INE y al TEPJF ni presupuestal, ni legalmente.

Porque una cosa es que la reforma constitucional no pase y otra que AMLO y Morena puedan reformar las leyes electorales a capricho, con su mayoría, en aspectos cruciales para el desarrollo del proceso electoral. Ahí está el verdadero peligro. Estas leyes contienen todos los procedimientos electorales, regulan partidos, campañas, su financiamiento, acreditan a los ciudadanos que realizan las funciones de autoridades de casilla, regulan medios de comunicación, contenidos de propaganda y su colocación, jornada electoral, realizan el PREP, reciben las quejas, las tramitan, atienden delitos electorales, y finalmente dan los resultados, con certeza, legalidad, imparcialidad y transparencia.

Los Tribunales determinan las controversias y dictan fallos que se deben acatar. Y esto ha permitido la alternancia y un avance de nuestra democracia, con una gran pluralidad, con respeto y con una convivencia armónica de lo diverso.

Hoy, AMLO, que no se asume como Presidente de la nación, divide, insulta, descalifica, persigue opositores y miente, ha tornado el ambiente político en una selva, políticos y candidatos asesinados, el narco en las elecciones, no hay reglas, se violan leyes, se eluden responsabilidades, Pío es un delincuente y sale absuelto porque la Fiscalía Electoral sí la controla AMLO.

Su pretexto para dividir a los mexicanos es que se requiere una transformación que nunca explica y que destruye instituciones, educación, sistemas de salud, endeuda al país, aleja inversión y empleo, y ha creado 6 millones de nuevos pobres. Con la inflación y sin crecimiento económico no hay transformación social. Solo una camarilla se enriquece con contratos a modo.

Por eso hay que retomar la pluralidad, las decisiones informadas, el debate, encontrar el mejor camino. Es la democracia el medio, y es nuestra responsabilidad defenderla y votar.