Ha cuatro años de la administración de López Obrador, los únicos que creen que la economía, la seguridad, y el bienestar social van por buen camino, son quienes confían ciegamente en el discurso oficial con medias verdades y con mentiras completas, pero que hace eco con el sentimiento de rechazo de todo lo que parezca neoliberal, PRI o PAN.

El afán de insistir en que esta administración no es igual a las otras y que se está combatiendo la corrupción, responde meramente a una estrategia publicitaria; pues entre más se repita crece la probabilidad de que un mayor porcentaje de la población lo crea (parafraseando a Goebbles).

“Las mañaneras” desde Palacio Nacional siempre me han parecido un proceso de adoctrinamiento claro y maquiavélicamente efectivo. Lo vemos en las encuestas de opinión de diferentes casas encuestadoras, pues el porcentaje de la población que cree en lo que dice el presidente se mantiene todavía en niveles altos; en otras palabras, el presidente aún mantiene altos niveles de aceptación, cercanos al 60 por ciento; a pesar de las cifras que demuestran que, en términos económicos, sociales y de bienestar, el país lejos de avanzar va retrocediendo.

La economía crece a tasas menores al 2 por ciento, ya lo dio a conocer el INEGI hace unos días, y la expectativa de crecimiento para todo el 2022 sigue siendo menor al 2 por ciento también según dio a conocer Banxico en los resultados de su encuesta a especialistas en economía del sector privado.

El total de delitos del fuero común acumulado al mes de julio de este año, de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, supera en un 5.6 por ciento al total de delitos acumulados en el mismo periodo en el 2021, y es la cifra más alta registrada para el mismo periodo desde hace ocho años. Por otro lado, el 44 por ciento de la población mexicana vive en pobreza, estamos hablando de más de 55.6 millones de mexicanos; y tenemos estados como Chiapas en donde 3 de cada 4 personas viven en pobreza, de acuerdo con datos del CONEVAL. Además, Guerrero, Puebla y Oaxaca, tienen más del 60 por ciento de su población que vive en pobreza y prácticamente en 11 estados del país, más del 50 por ciento de su población vive en pobreza. El presidente insiste en repartir dinero en esos estados para ayudar a los más pobres, pero de nada servirán dichos apoyos si no se mejora el nivel educativo y se promueve la inversión para crear oportunidades reales de empleo formal y, al mismo tiempo se incrementa la productividad mediante el valor agregado a las actividades económicas que actualmente realizan.

Actualmente, la sensación de una falta de claridad de rumbo en el país no solo es discurso de analistas económicos; sino también del sector empresarial.

El INEGI acaba de publicar el Indicador de Confianza Empresarial para el mes de agosto. Este indicador trata de capturar el nivel de confianza de los empresarios, y dado que la escala va de 0 a 100, la expectativa es que entre más cerca de 100 sea el indicador, se interpreta que hay mayor confianza. Para el mes de agosto el indicador es de 46.7, esto es menor en 3.9 puntos al mismo mes del 2021; pero además ha ido descendiendo desde diciembre del 2021 en que el nivel de confianza se encontraba en 55.7, el nivel más alto incluso pre-pandemia.

Dentro de los sectores económicos en los que se mide el nivel de confianza, el indicador para el sector de servicios no financieros es el que refleja el menor nivel de confianza con 43 puntos, y particularmente se considera que es el peor momento para invertir y que la situación económica del país se encuentra pasando por una peor situación respecto al año pasado. El sector comercio es el que presenta el indicador más alto, pero, aun así, apenas llega a 50 puntos; es decir, los empresarios de este sector consideran que la situación económica está igual, o que no ha mejorado desde el año pasado.

Me gustaría decir que veo, en el mediano plazo, razones para ser optimista sobre el rumbo de las decisiones del gobierno federal y su efecto en la economía del país, pero desgraciadamente no puedo decirlo. Sin embargo, sí creo que ahora más que nunca, los estados y los gobiernos locales, tienen en sus manos la oportunidad de asumir un papel preponderante en el rumbo económico del país.