Los padres fundadores de Estados Unidos estaban convencidos de que no era suficiente que en el nuevo régimen hubiera separación e independencia de poderes (como postuló Montesquieu). Se requería, sobre todo, que estuvieran equilibrados en sus facultades y, al mismo tiempo, que cooperaran entre ellos.

Por eso diseñaron un complejo sistema de frenos y contrapesos, para que tuvieran relaciones mutuas de autoridad y ninguno detentara poder absoluto en su esfera. Pensaban que, si se vigilaban y limitaban entre ellos, era más difícil que vulneraran las libertades individuales.

En particular les preocupaba dar fuerza al Legislativo. Habían observado que, en Gran Bretaña, la independencia que el Parlamento consiguió luego de la Revolución Gloriosa se corrompió por el clientelismo. La Corona acabó controlando a parlamentarios cada vez más serviles, haciendo fracasar el experimento de la monarquía constitucional.

Por eso, allá el Ejecutivo no proviene del Legislativo, como en la madre patria. Cada uno tiene su forma de elección y el presidente sólo puede servir por un periodo limitado. El poder del presupuesto y de la declaración de guerra los tiene el Congreso. Se trata de evitar un poder concentrado que, tarde o temprano, se vuelve arbitrario.

En los primeros años de la nueva nación se desató un furor legislativo entre los congresos estatales. Los grupos de interés promovían leyes que les convenían, aunque afectaran el interés público y los derechos de las personas. Los representantes se dejaban llevar por el autointerés y las pasiones; hacían leyes sobre pedido y al aventón. Las mayorías facciosas, movidas por la opinión pública del momento, se volvieron tiranía.

Para evitar la pugna creciente entre los congresos federal y estatales, había que hacer ingeniería institucional para encontrar nuevos equilibrios. James Madison vio que el problema era que los legisladores no estaban suficientemente preparados ni eran siempre responsables. Para mejorar la deliberación legislativa se juzgó necesario que sirvieran periodos más largos para que aprendieran su oficio. Además, que la redacción de las leyes estuviera a cargo de comités selectos de veteranos.

Todas las leyes deberían ser aprobadas por las dos cámaras. El presidente podía abstenerse de promulgarlas, pero su veto podía ser superado por una mayoría de dos tercios en ambas cámaras.

Lo más trascendente fue introducir la revisión judicial (que hoy está en la Constitución de más de 100 países). Las cortes pueden invalidar las acciones del Ejecutivo y del Legislativo que consideren inconstitucionales o suspender cautelarmente sus efectos, si se prevé un daño inminente a los derechos de alguien.

Al darle más poder al Judicial vino el fenómeno de que muchos legisladores se volvían jueces y se ponían de acuerdo con sus excolegas para dejar pasar leyes inconstitucionales.

Eso fue particularmente visible en los estados en los que los jueces eran electos popularmente. Así como antes los grupos de interés apadrinaban a sus propios legisladores, acabaron teniendo también jueces consentidos.

Se determinó por eso que los jueces fueran designados por los otros dos poderes y fueran escogidos por su prestigio profesional. Para desligarlos del gobierno que los nombró, su nombramiento es vitalicio y su salario no está sujeto a alteración.

Jaloneos

Este sistema político ha estado a prueba muchas veces y se ha ido adaptando con soluciones más prácticas que doctrinarias.

La advertencia de Madison sobre la tiranía de las mayorías no evitó que las legislaturas de los estados del sur pasaran leyes que permitían la segregación racial. Pero fueron los jueces los que paulatinamente fueron asegurando los derechos civiles y políticos de la población negra.

En los últimos años se ha producido una gran polarización política y el Congreso está dividido por mitades irreconciliables. Ante la parálisis legislativa consecuente, los presidentes han promovido leyes o acciones ejecutivas sabiendo que van a ser anuladas por las cortes. Cuando éstas invalidaron la ley Obamacare o el programa Dreams cumplieron fielmente su función. La responsabilidad es de quien les aventó la papa caliente.

Los padres fundadores no temieron la fricción entre poderes. Al contrario, la consideraban inevitable y hasta necesaria. Es importante que cada poder cuide que los otros no invadan sus facultades para que el equilibrio se mantenga y se convenzan de que es mejor la cooperación.

Han pasado más de dos siglos y ese sistema ha mostrado ser más estable que los europeos o que otros que se han ensayado posteriormente.