En memoria de Paulina Díaz, mi madre.
El domingo 26 de febrero de 2023 ya es una fecha histórica. Más de 1.5 millones de mexicanos en 122 ciudades se congregaron para pedir a la SCJN declare la inconstitucionalidad del Plan B, que pretende desarticular al INE y al TEPJF, el gobierno quiere apropiarse del proceso electoral. La narrativa de gobierno es intrascendente, falaz, está rebasada por la conciencia de la ciudadanía. Y eso es una amenaza, que ni las encuestas de popularidad pueden reflejar. El objetivo se cumplió. Se llenó el zócalo capitalino. La plaza de la Constitución fue insuficiente para los cerca de 400 mil asistentes.
Los discursos de Beatriz Pagés y de José Ramón Cosío fueron esperanzadores; se habló de la perspectiva de un mejor país, de reconstruir las instituciones, de recuperar libertades y de defender el voto como el único instrumento para dirimir diferencias. Un voto que se respete y se cuente bien, sin triquiñuelas, ni trampas, que podrían repetir etapas de violencia post electoral. Se expresó el respaldo a los ministros. No están solos. Deben ejercer su autonomía a plenitud. En sus manos está el futuro del país, el respeto a la Constitución y a los derechos humanos, entre los que se encuentran los político-electorales.
El ánimo fue festivo, de gran civilidad, de respeto, de una voluntad férrea en defensa de la democracia. Retumbó la plaza cuando los 400 mil asistentes entonaron el himno nacional. La piel se erizaba. El evento culminó, sin basura en la plaza, poco a poco se vació el lugar, con restaurantes al tope, comercios abiertos, y ambulantes vendiendo aguas, helados y bebidas. Ese es el verdadero México, su rostro de confianza en que un cambio es posible y deseable.
Hay oposición culta, cívica, decidida; más allá de los partidos, que tendrán que retomar las demandas de la sociedad. La concentración no pertenece a nadie. El mérito fue de los ciudadanos. Los convocantes cumplieron con la invitación y la organización. Pero la gente alzó la voz contra las arbitrariedades, que buscan someterla. Si el gobierno escuchó o no, si entendió o no, es su responsabilidad histórica.
La única transformación ha sido contra los mexicanos. Los datos: hay 4 millones más de pobres, inflación, desempleo, inseguridad, dudosa relación con el narco, falta de medicamentos, proyectos ideológicos y no científicos en la educación. ¿Qué sigue? Habrá tanto por reconstruir, que se busca legislar gobiernos de coalición, que permitan un freno al Presidente con gabinete plural, con las mejores personas, donde el debate de ideas y proyectas definan las políticas públicas que la sociedad demanda. Con mayorías parlamentarias de coalición. Ese proyecto lo impulsa el Frente Cívico Nacional.
Apenas inicia la primavera mexicana. Acciones: firmar el amicus dirigido a la SCJN; ampliar la organización vecinal y familiar; estar alertas a nuevas llamadas a la lucha por la democracia, señalaron en el templete. Seguramente surgirá un candidato único, con la máxima unidad, aún cuando Dante Delgado se niegue. Y con ello, será posible ganar la elección de 2024.
Ese fue el mensaje: Vamos a ganar!. En 101 ciudades del país se realizaron eventos de defensa de la democracia y apoyo a la SCJN. En 21 ciudades del extranjero, Nueva York, Washington, Los Ángeles, Paris, Londres, Lisboa, Ginebra, Praga, Barcelona, Madrid, San Antonio, Houston, San José Costa Rica, Cirritzia Brasil, Tucson, Miami, Chicago, San Diego, Madeira, entre otras, vieron a los mexicanos unirse para protestar contra el Plan B.
Este 26 de febrero el país entero se volcó a las calles. Más allá de los números, de cálculos y alegatos, lo cierto es que las concentraciones fueron un evento nacional. Nunca habíamos visto algo así. En la marcha del 13 de noviembre participaron 35 ciudades. Ahora, más de cien. Una sola exigencia: democracia. Una petición: que la SCJN defienda la Constitución y los derechos ciudadanos. Un sueño: un país unido de nuevo en un proyecto nacional.
Fue ridículo el colocar muros de contención alrededor del Palacio Nacional. Se aisló y así seguirá. Seguirá la marcha por la democracia. La opinión pública mundial empieza a expresarse. El inquilino de Palacio, desquiciado, acusa de intervencionismo. Imposible callar al país, y que el mundo lo sepa. Los ciudadanos caminaron sin miedo, con libertad, defendiendo esas libertades, rechazando la censura, con amor a un gran país, con la confianza de que se podrá recuperar de la destrucción. No fue un grupito, fueron muchos, y parece no se darán por vencidos.
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