Llegamos ya a las elecciones intermedias en Estados Unidos. El próximo martes será el último día de votación. Hasta ahora van ya 30 millones de votos emitidos por adelantado, y está en juego, literalmente, el futuro de la democracia en el mundo.

El contexto en el que se dan estos comicios es realmente alarmante. El país está irremediablemente enfrentado, y la retórica partidista está al borde de provocar violencia generalizada. Todos vimos el ataque sobre Paul Pelosi, el esposo de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Lo que buscaba el agresor era atacar a la funcionaria. Acabó fracturando el cráneo del marido con varios martillazos en la cabeza, y seguramente pasará el resto de su vida en prisión. Pero el tipo es un creyente, y como él, hay muchos.

Quisiera decirles que este es un problema de Estados Unidos y de Donald Trump, pero no es así. Es un fenómeno mundial, que lleva décadas gestándose. Vladímir Putin llegó al poder en Rusia ganando una elección. Lo mismo Recep Tayyip Erdoğan en Turquía, Hugo Chávez en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua y tantos otros dictadores que, al llegar, desmantelan sistemas electorales para eternizarse en el poder. Es lo que intenta Donald Trump en Estados Unidos, porque perder la batalla de 2020 no quiere decir que perdió la guerra. Sigue peleando. Jair Bolsonaro perdió la elección del domingo en Brasil ante Lula da Silva, pero no ha aceptado la derrota y sus seguidores están muy alebrestados. Es lo mismo que intenta Andrés Manuel López Obrador en México, tratando de apropiarse del sistema electoral mexicano para asegurar su victoria en 2024.

El común denominador de todos estos autócratas es la violencia. Estos sistemas se imponen con métodos de propaganda muy claros, diseñados para infundir miedo en el grueso de la población, para así paralizar la respuesta de la sociedad civil. Invariablemente, dependen de las Fuerzas Armadas en sus países. La principal preocupación en Brasil es que la entrega del poder se vea afectada por el apoyo de los generales a Bolsonaro.

Volviendo a las elecciones del próximo martes, el método Trump se ha vuelto ya dogma para el Partido Republicano. La estrategia, hay que decirlo, es inteligente. Los republicanos han invertido miles de millones en apoyar candidatos extremistas en campañas a gobiernos locales, con intenciones de implementar legislaciones que permitan a los Congresos locales desconocer el resultado de los procesos electorales, dejando en manos de las mayorías republicanas la decisión final de los resultados estatales.

Si logran suficientes votos, podrán devolverle la silla a Trump en 2024, aunque pierda la elección.

Según las encuestas, los republicanos siguen siendo los favoritos para obtener la mayoría en la Cámara de Representantes. Si ello ocurre, el país se paralizará en una nube de investigaciones de los representantes republicanos, que buscan venganza de lo que consideran “agravios” contra Trump, y ya no digamos si es que también retoman el Senado. No exagero cuando les digo que sería, tristemente, el final del experimento democrático.

LA DUDA

A mí me persigue la duda sobre la credibilidad de las encuestas. Por la mano negra de Putin, las encuestas se equivocaron totalmente en la votación sobre el Brexit en el Reino Unido, y de nuevo en la elección de Trump en 2016, y digamos que ganó Putin. Su mano negra sigue presente, porque seguramente prefiere que Estados Unidos quede en manos de los republicanos, y no me sorprendería que ahora las encuestas sean las que estén amañadas y no la votación, al contrario de lo que ocurrió en las otras ocasiones.

Me rehúso a pensar que hay algo en la naturaleza humana que prefiere vivir bajo regímenes totalitarios, pero cuesta trabajo al ver las tendencias que se multiplican en el mundo. Vamos a ver.

En EL FINANCIERO TV tendremos para ustedes cobertura especial de las elecciones intermedias en Estados Unidos, con análisis e información minuto a minuto. Como siempre, Leonardo Kourchenko estará al frente de este esfuerzo, cuyos horarios se darán a conocer próximamente. Ahí los esperamos.